jueves, 18 de agosto de 2011

COCA (Erythroxylon Coca)


Por Begoña Rojo



La Coca es la planta base de la que se extrae una de las drogas más peligrosa: La cocaína. Esto ha hecho que se forme en torno a su nombre una leyenda negra contra la que resulta muy difícil luchar al pueblo andino, gran conocedor desde tiempos inmemoriales de las propiedades mágicas y medicinales de esta planta, considerada y no sin motivo, planta sagrada para ellos y a la que deben sin duda buena parte de su supervivencia, de su salud, de su capacidad de adaptación al medio ambiente y a su espiritualidad.

Se cumplió en ella la maldición que los dioses predijeron cuando se la entregaron para ayudarles en el camino de la vida. La llegada del hombre blanco y su avaricia, acabaría no solo con la espiritualidad de  la mágica planta y con la salud que ella proporciona, también ha hecho de ella al manipularla un producto deleznable, capaz de acabar con la vida de sus adeptos, como si se tratara de una maléfica secta que roba la mente y convierte al humano en el más carroñero de los animales.


No voy a hablar aquí de cocaína, no nos confundamos. Eso lo dejo para algunos de los médicos que apoyan las manipulaciones de los laboratorios de esta y cualquier otra planta a la que miserablemente y por afanes económicos transforman de manera tal, que en vez de restaurar y equilibrar nuestra salud, lo que hacen es destruirla de todas las maneras posibles. Voy a hablar aquí de la Coca, la planta sagrada que fue entregada por los dioses por su infinita misericordia al hombre, para ayudarle, alimentarle y hacer más fácil su difícil y breve estancia en esta vida.


Cuenta una leyenda Inca de los tiempos de la conquista, que cuando los blancos destruían ciudades y saqueaban los templos dominaron a los nativos quienes desesperados retrocedían en busca de refugios en las laderas de las montañas.


En estos momentos evocaban la protección de sus dioses Inti (sol) y Quilla (luna) y se apresuraban a poner a resguardo las riquezas del Imperio, que se confiaron a un anciano sacerdote. Este fue tomado prisionero y sometido a tortura por el invasor para que confesase donde se había escondido el  inmenso tesoro, sin obtener ninguna palabra de su boca. Fue entonces cuando apareció la misteriosa Quilla, quién susurró al anciano diciéndole:
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Supremo sacerdote, me envía Inti, tu Dios, para salvarte porque has sabido guardar los tesoros de nuestro pueblo, nuestra religión y has sido fiel a nuestra raza. En recompensa pide lo que quieras que te será concedido.


Este meditó unos momentos y respondió:
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 Oh diosa! protectora nada te pediré para mí, pero sí para mi raza vencida, no te pido ni armas, ni riquezas, danos un bien con el cual podamos soportar tal sometimiento y que a su vez ese bien en manos del enemigo se transforme en un mal, en un peligro para su raza opresora.
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 Entonces Quilla le respondió:
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 Fiel servidor mira hacia atrás ahora sigue con tu mirada el destello de luz que se ha detenido en esa planta de hojas verdes y ovaladas. Presta atención a ella,  Inti le ha otorgado una secreta virtud, la de adormecer penas y mitigar fatigas.



Que tu raza arranque sus hojas y las mastiquen, su jugo será el mejor remedio para soportar todo sufrimiento y si la raza invasora los imita tendrá su castigo. Su jugo que para nosotros es vida, para ellos significara la  muerte, un vicio repugnante que al cabo de un tiempo aniquilará su raza.
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 A la mañana siguiente el Anciano llamó al grupo que lo acompañaba y les dijo: por voluntad de nuestros dioses en estos cerros ha nacido esta planta llamada COCA, les contó sus beneficios y también les dijo que si querían saber los secretos del destino bastará tomar un puñado de ella y arrojándola al viento la dirección que tomen sus hojas marcará el rumbo del bien, cuando el invasor de nuestra raza quiera sacar igual provecho sufrirá un castigo.
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Así nació la planta de la Coca, regalo divino, elemento mágico de rituales del pueblo andino.



Aunque es una preciosa leyenda, puede ser que proceda de mucho tiempo antes de la conquista española, ya que desde el principio de los tiempos, en el caso de los Incas hablamos de un período de 5.000 años,  los “hombres medicina”, es decir, chamanes, sanadores y curanderos, han empleado la coca como planta medicinal.
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No hace muchos años, cerca de Cuzco, en el norte de Perú, los arqueólogos descubrieron restos de momias de la cultura moché que existió entre los siglos II y X.
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En el ajuar funerario de las mismas, había bolsitas de piel conteniendo hojas de coca y las mismas hojas también se encontraban dentro de su boca. Esto se debe a la creencia de que si el enfermo moría masticando hojas de coca encontraría sin dificultad el camino al paraíso.
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Aún hoy se mantiene esta creencia, es más, en los entierros y funerales los amigos y familiares del fallecido, mascan hojas de coca ya que es esta la manera de identificarse y formar una unidad con el fallecido.


En el altiplano Andino, se tiene la creencia de que el Cielo y la Tierra no están separados, ya que la coca es la planta mágica que los mantiene unidos. Es por eso, que adivinos, chamanes, brujos…utilizan los tres quintos de coca (tres hojas) para hacer sus predicciones. Una hoja para el Sol, una segunda para el hombre y la tercera para la pachamama tierra, es la ofrenda que constituye el vínculo de los dioses y los humanos.


Pero la coca no es sólo un vínculo espiritual para el andino,  es la medicina por excelencia. Y esto no es porque ellos lo piensen así, es algo totalmente demostrado en los análisis químicos efectuados a esta planta. De ellos podemos deducir que las hojas de la coca tienen un alto valor nutricional: 100 gramos de hoja de coca (que suele ser la cantidad media consumida diariamente por la gente del altiplano andino) contienen 300 calorías que es el equivalente a una comida occidental no saturada de grasas pero capaz de cubrir las necesidades diarias de una persona en cuanto a calorías, fósforo, calcio, hierro, vitamina A y vitamina B.

La Organización Mundial de la Salud ha admitido que no hay ningún efecto negativo en el uso de la hoja de coca, tomada tanto en infusión como en masticación.


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A esto deberíamos añadir que para el  pueblo andino, que en la antigüedad no conocían el uso de los productos lácteos, (algo que hicieron a partir de los tiempos de la conquista) la coca, fue quién suministró el aporte necesario de calcio, sobre todo a las mujeres en períodos de embarazos y lactancia. Y no solo eso, las hojas de coca masticadas, favorecen la quema de hidratos de carbono procedentes de la patata, alimento básico de los indígenas y ayuda a la absorción del oxígeno, principal problema de las personas que viven en las alturas.
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Facilitar estas funciones, es lo que ha ayudado desde tiempos inmemoriales a la existencia de esta cultura, que de no haber tenido los recursos de esta planta no habrían podido sobrevivir.


La manera de ingerir la coca para que la planta actúe en el organismo, es simplemente masticar sus hojas hasta formar una bola. El mismo jugo de la planta es el que provoca un efecto narcótico que elimina los dolores, provoca excitación y calma el hambre. Este efecto se vé potenciado si se le mezcla un agente alcalino.
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Los andinos piensan que la coca antes era una mujer, y que su gran instinto maternal la hizo convertirse en planta para alimentar a sus hijos, algo que sin duda ha cumplido.
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Es una verdadera desgracia que el “avance” de algunos, esté destruyendo a la madre, a su espíritu, a una forma de vida, a una civilización milenaria y a una parte de la humanidad.
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El cultivo de la Coca es muy fácil, ya que las semillas germinan con facilidad y rapidez en los terrenos más pobres y de los que se sacan hasta tres cosechas anuales. Esto hizo una fuente de ingresos que ha permitido a sus cosechadores vivir con desahogo. Desde la prohibición del cultivo por parte de los Estados Unidos, no solo han perdido su medicina y parte de su espiritualidad, también les han robado su fuente de recursos económicos y viven en la miseria.
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